Mentiras Palestinas: La muerte de la bebe Leila al-Ghandour

­­1000 palabras que deberíamos saber la muerte de la bebe Leila al-Ghandour

La historia de la muerte de una bebé en Gaza ilustra cómo se construyen los símbolos a partir de una narración que ignora los hechos. Muchos occidentales se dejan engañar… simplemente porque así lo desean. El 14/5/2018, cuando Estados Unidos trasladó su embajada a Jerusalén y cuando los disturbios en Gaza alcanzaron su punto máximo, un falso boletín informativo (Fake News) contaba que una bebé de 8 meses había muerto a causa de los gases lacrimógenos que las Fuerzas de Defensa de Israel habían utilizado contra las multitudes palestinas gazatíes que causaban disturbios. La historia inmediatamente se convirtió en una sensación, y la bebé misma, de nombre Leila al-Ghandour, estuvo a punto de convertirse en un nuevo símbolo palestino. El 15/52018, Associated Press, citaba a un médico de Gaza afirmando que la niña había muerto como resultado de un defecto congénito en su corazón. El 16/5/2018, el reportero del New York Times, Declan Walsh, explicó que a pesar de la naturaleza cuestionable de la historia, la niña de ojos verdes se estaba convirtiendo en un símbolo de la lucha contra Israel. Finalmente, el 24/52018, el británico The Guardian informó que Hamás había removido a Leila de su lista oficial de mártires, en espera de una autopsia. Por aquel momento, Hamás también, al parecer, había renunciado a convertirla en un símbolo. ¿Cómo justificó la familia de la bebe esta evidente mentira? Según los miembros de la familiala sucesión de los hechos fue así: El tío de Leila, de 12 años, pensó que la madre del bebé ya se encontraba en el área de la cerca fronteriza, y trajo al bebé consigo justo cuando abordó un autobús que transportaba personas a las manifestaciones. Pero la madre, que tiene 17 años, sufría por un dolor de muelas y se había quedado en casa. Así que el niño encontró a la abuela del bebé, su madre, “que estaba parada en medio de una multitud bajo un manto de humo negro, gritando a los soldados israelíes ubicados al otro lado de la cerca cuando caía un bote de gas lacrimógeno”, y poco después, el bebé dejó de respirar. Yahya Sinwar, el líder de Hamás en la Franja, le dijo a la cadena Al Jazeera (en árabe) cuál era el objetivo de su movimiento: “Decidimos convertir los cuerpos de nuestras mujeres y niños en una represa que bloquea el colapso árabe”. Siendo esta la intención declarada, la pregunta NO debería haber sido quiénes son los monstruos que matan a los niños con gases lacrimógenos, sino qué debería hacer Israel cuando se enfrenta a una organización cínica y asesina que protege a sus terroristas con los cuerpos de mujeres y niños. ¿Qué debería haber hecho Israel para detener a personas que declaran que desean acuchillar en el corazón a judíos? ¿No hacer nada? Las balas de goma son efectivas solo dentro de un rango de entre 30 y 50 metros. Si se usan a menor distancia, son mortales y mucho menos precisas que el fuego real; pueden golpear a otras personas en las cercanías del objetivo. A más de 50 metros de distancia, son inútiles. Los cañones de agua tienen el mismo rango aproximado. La distancia de los manifestantes palestinos (mayo-junio 2018) llegaban a los 100 metros.  Lo que queda es gas lacrimógeno, pero tiene muy poco efecto en entornos al aire libre y, en cualquier caso, no puede detener a una multitud en estampida. Por lo tanto, el fuego de francotirador con armas de fuego reales es el único medio eficaz a una distancia de unos 100 metros, suponiendo que el tirador no sea impreciso. Según Haaretz, alrededor de 2.770 fueron heridos, de estos aproximadamente 1.350 con munición real. Esto significa que el 95% de los atacados por francotiradores israelíes fueron neutralizados sin ser abatidos. De los 61 muertos, unos 50, según Hamás, eran miembros de esa organización y otros tres eran de la Yihad Islámica (86%). Entonces… ¿Po que liberales occidentales compran esta “carne podrida”? 1) La cosmovisión democrática liberal (tras las rebeliones estudiantiles de los años sesenta) identifica la debilidad con el derecho, y el poder, con independencia de los objetivos para los que se invoca, siempre como lo errado. Dado que Occidente ha sido poderoso desde el advenimiento de la modernidad, ahora lo categorizamos automáticamente con el lado del mal. Israel es occidente. Durante dos generaciones se ha estado educando a los estudiantes para creer en el absurdo filosófico que el liberalismo es una visión antiliberal, mientras que los enemigos del liberalismo son en realidad sus mejores amigos, aquellos que nos enseñarán a mejorarlo (por ejemplo, el islamismo del Hamás). 2) Occidente encaja con el ethos palestino del victimismo. Se encajan unos a otros como yin y yang. El resultado moralmente grotesco es que la financiación internacional alienta a un pueblo entero a volverse adicto a su sufrimiento, a evitar cada acto de rehabilitación y a engrandecer su miseria, todo al servicio de los sueños crueles de venganza desenfrenada y grandiosidad teatral. 3) El espíritu palestino del victimismo se acopla recíprocamente con el impulso de Occidente de limpiarse de la culpa sobre el colonialismo. Los judíos, que una vez fueron impotentes y ahora tienen poder, pueden servir fácilmente a ambos extremos de la narrativa construida para este propósito: en un principio son las víctimas que nos recuerdan el pecado, y al final ellos mismos son los pecadores, y entonces deberían ser castigados. 4) Las víctimas de los viejos crímenes de odio (los judíos) se metamorfosean en el chivo expiatorio, a expensas del cual Europa se purificará de su propio racismo. Dos pájaros de un tiro, entonces: Al complacer a los palestinos y culpar a los judíos, Occidente puede enmendar los pecados del colonialismo y, al mismo tiempo, dar al antisemitismo una justificación contemporánea. Y de esta manera uno puede absolverse del pecado de odio, mientras se lo permiten. El culto a la muerte y la victimización palestina más los sentimientos de culpa Occidentales producen más libelos (nuevos) contra el Estado-nación del pueblo judío.